El segundo día, la grabación

El segundo día, la grabación

Agosto 2013

Las luces se apagaron, las miradas esperaban, la noche agresiva provocaba efusión.

Un micrófono rosa metálico colgado a mitad del escenario, un corazón que latía apresurado y los primeros movimientos musicales anunciaron su entrada.

Había pasado más de un año desde que la Reina de Corazones dejó los escenarios. Tuvo más de 15 operaciones y estuvo gran parte de ese año en cuidados médicos. Eso generó mucha expectativa entre los presentes, pero, de inmediato al verla subir al escenario arrancó aplausos, incluso, hasta de los más exigentes e incrédulos espectadores.

Con su inigualable voz y energía impactó rápidamente a los presentes que buscaron cantar junto a ella. La primicia de las canciones hizo imposible que el público, como es costumbre, hiciera los coros, pero el problema se solucionó cuando descubrimos la gran pantalla al fondo del escenario que revelaba las letras.

Con la majestuosidad de siempre, Alejandra bailó y cantó de la misma manera que lo hizo en sus inicios. Más de 20 años en un escenario y la Eternamente Bella volvió a imponerse frente a generaciones enteras. Su energía fue tanta que el tiempo mismo parecía también rendirle culto y arrodillarse ante ella sin siquiera rozarla.

¿Operaciones?, ¿tiempo?, ¿cansancio? Alejandra era la misma, la misma de hace más de 20 años.

Canciones nuevas, una voz desgarrada que incorporaba un sinfín de sentimientos y la pasión sin lesión ni menoscabo definían la presencia de Alejandra Guzmán en su concierto Primera Fila.

Con una escenografía sencilla, pero unos músicos de primer nivel, Alejandra cantó con algunos amigos músicos como Mario Domm, Dani Martín, Fonseca y Robi Draco, con quién se lució en un dueto de voces que cautivaron oídos y alteraron almas.

Canciones como Eternamente Bella, Hacer el amor con otro y Volverte amar, también se escucharon en esa noche mágica del 8 de agosto.

Con ritmos nuevos, con la energía inmune y la misma pasión, Alejandra volvió a imponerse con esa arrogancia tal de quien convencido de su poder; lo muestra.

Como siempre, La Guzmán mantuvo una conexión directa, enérgica y dinámica con su auditorio.

Entre algunas repeticiones propias de toda grabación, algunas risas, las fallas que siempre acontecen, descubrimos que en medio de tanta altivez también existe una Alejandra humana. Una Alejandra mujer que nos era devuelta cada vez que la música paraba, una Alejandra que platicaba con el público, una Alejandra emocionada que lloraba, que en ocasiones se equivocaba, que no quedaba conforme y que insistía en repetir canciones. Una Alejandra terrenal pero que, aún en esos momentos, conservaba ese toque de figura etérea.

La noche fue mágica, y la complicidad entre artistas y fans se respiraba con tanta intensidad que fuimos testigos de uno de los momentos, probablemente, más emotivos de la grabación: La presencia de Luis Enrique. El hermano de La Guzmán.

Alejandra entre lágrimas agradeció a su hermano, mientras Luis Enrique corría atravesando el escenario para abrazar a su hermana. El momento nos hizo aplaudir el amor de hermanos y quererlos, a ambos, un poco más.

Instantes después, regresamos a vivir una vez más el concierto, los ensayos, vivir nuestro rol de público, de fans, así que, momentos previos a la grabación, cada uno de nosotros encontraba su mejor voz para entonar, junto con ella, el gran éxito de La Guzmán. Amanecer con él, a mi costado no es igual… empezó a escucharse en los Estudios Churubusco, que habían sido testigos de tantas emociones juntas, de tanto amor y de aquellos momentos que años más tarde, aún no podemos olvidar.

El concierto llegó a su fin. El material estaba grabado, ahora sólo quedaría esperar y así comprobaríamos que el suceso no fue un sueño colectivo, sino que en verdad ocurrió.

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